En términos generales, la transfusión de sangre es un procedimiento terapéutico que tiene como objetivo corregir déficits hematológicos. Sin embargo, puede provocar en algunos casos la aparición de efectos desfavorables: las llamadas reacciones transfusionales o reacciones adversas, que designan cualquier efecto contrario o imprevisto provocado por la transfusión de un producto hemoterápico.
Todo el proceso que los bancos de sangre llevamos a cabo pretende evitar estas incidencias. Sin embargo, estas situaciones siguen sucediendo. La explicación es que las pruebas hechas in vitro son un pobre reflejo de lo que sucede in vivo y que, durante el transporte, almacenaje y administración de las unidades de sangre, pueden darse circunstancias que comprometan la seguridad de los receptores.
Hay que recordar que el abanico clínico de las reacciones transfusionales y de sus posibles consecuencias es muy amplio: puede ir desde una leve molestia para el receptor hasta consecuencias fatales.
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